Una de las clasificaciones que propone Mauss ibidem es la

Una de las clasificaciones que propone Mauss (ibidem: 11) es la de la división de las técnicas del cuerpo entre los sexos. Ésta refiere aldehyde dehydrogenase inhibitor que hombres y mujeres realizan diferentes movimientos corporales para una misma actividad, como puede ser la de sentarse, caminar, dormir, etcétera. Entre los nahuas, la división puede documentarse en los códices de la tradición Mixteca-Puebla respecto a la actitud de sentarse. En estas fuentes, una de las formas más frecuentes de representar al hombre sentado es posando las nalgas directamente en el piso o en algún trono o taburete, con las piernas plegadas de tal manera que las rodillas se acerquen al pecho, los talones se aproximen a las nalgas y las plantas de los pies queden en contacto con el piso o el asiento, mientras que los brazos suelen quedar apoyados sobre las rodillas, pero también pueden abrazar las espinillas. Por su parte, la mujer puede ser representada en la misma forma, pero dos posturas que son exclusivamente femeninas son el sentado con las piernas cruzadas o sobre las piernas plegadas, apoyando las nalgas en los talones (Escalante 1996b: 301-302).
Igualmente, los ademanes son diferenciados entre mujeres y hombres en el Códice Mendocino –como también lo son en los códices de la región MixtecaPuebla. Los de la mujer se realizan frecuentemente con la mano abierta, mientras que el hombre tiende a apuntar más con el dedo (ibidem: 366). Esta forma de representar la figura humana fue una convención empleada por los tlacuilos para diferenciar a los hombres de las mujeres, y quizá una “pauta histórica de conducta corporal” (ibidem: 360).
Comenta Pablo Escalante (ibidem: 390, 394) que en el lenguaje pictográfico mesoamericano general no parece haber existido el propósito de reproducir rasgos de expresión que pudieran transmitir determinadas emociones o dotar a los rostros de individualidad. Lo que se proponían los antiguos pintores de manuscritos era básicamente dibujar todos los rostros iguales y sin expresión. Sin embargo, había algunos estados emocionales que podían describirse sin necesidad de dotarle de expresión a la figura humana. El glifo que simbolizaba las lágrimas se adhería a las mejillas para indicar:

Escalante (1996b: 399) también ha detectado un ademán relacionado con el llanto que propone denominar “ademán de pesar”, el cual consiste en llevarse la mano al rostro a urine la altura de los ojos y de la frente. Este ademán tiene una estrecha relación con la representación de las lágrimas, y en virtud de esa relación se puede conocer su significado.
El llanto y dicho gesto están bien identificados en una lámina del Códice Florentino (Sahagún 1979b, lib. VIII, cap. I: fol. 3r) (figura 1), donde tanto mujeres como hombres lloran desconsoladamente por los presagios que anuncian la llegada de los españoles, específicamente en el de la aparición de la diosa Cihuacoatl, quien iba llorando y diciendo: “Mis amados hijos, ahora estoy por dejarlos” (, lib. VIII, cap. I: 3). Esta imagen muestra una escena de tristeza y angustia.
Con la excepción de estos datos, la pictografía mesoamericana no nos ofrece mayor información sobre la expresión corporal que desplegaron los nahuas frente a las situaciones de miedo, pero al recurrir a las fuentes escritas el panorama se amplía. En general, el lloro se practicaba sin distinción de género ante gran variedad de eventos, y no sólo de infortunio (Escalante 1996a: 453-455; Graña 2009: 157). Sin embargo, en los contextos de terror definidos por la presencia de fenómenos naturales que anunciaban hechos aciagos, y en las situaciones de miedo en general, la actitud corporal de la población se diferenciaba: el llanto se volvía una práctica particular de mujeres y de niños.
En su Historia general, fray Bernardino de Sahagún (2002, II, lib. VII, cap. I: 693) señala que cuando había eclipse de sol, la gente “luego se alborota y tómales gran temor. Y luego las mujeres lloran a voces, y los hombres dan grita, hiriendo las bocas con la mano. Y en todas partes se daban grandes voces y gritos y alaridos”. Las prácticas que llevaban a cabo durante este acontecimiento eran el sacrificio de albinos así como de cautivos al Sol. Se punzaban las orejas con puntas de maguey y se untaban la sangre, también se pasaban ramas por tal perforación. Luego en todos los templos cantaban y tañían y hacían gran ruido. Decían: “Si del todo se acaba de eclipsar el Sol, nunca más alumbrará. Ponerse han perpetuas tinieblas, y descenderán los demonios [las tzitzimime]. Vendránnos a comer”.